CHARLIE KIRK, ARMAS E INTERNET
Septiembre 22, 2025
Empecemos por lo más básico: la violencia política es injustificable. Y hay que denunciarla, venga de donde venga.
El asesinato del activista conservador Charlie Kirk en una universidad de Utah nunca debió ocurrir. Pero ocurrió en un momento de grandes divisiones en Estados Unidos, con la extrema polarización de las posiciones políticas, con mucha desinformación en las redes sociales y los algoritmos empujándonos a nuestras trincheras ideológicas, y con más armas que personas.
Muchos no estaban de acuerdo con la manera de pensar de Kirk -desde su rechazo al aborto y el apoyo irrestricto al uso de armas hasta sus críticas a los inmigrantes y a las personas transgénero- pero este activista conservador tenía todo el derecho de decir lo que quisiera. Y lo hizo. Hasta que lo silenciaron en un acto de absoluta cobardía y crueldad. Más allá de sus ideas, tenemos que reconocer que su método se basaba en el diálogo y el debate. Se metía a las universidades, ponía dos micrófonos en lugares públicos y argumentaba con cualquiera, sin ningún tipo de censura. Podía uno estar o no de acuerdo con él, pero no se le podía criticar de estar cerrado a un intenso intercambio de ideas.
Me enteré del asesinato de Kirk por dos adolescentes de 15 y 16 años que me textearon y me dijeron: “This is a big deal”. Tenían razón. A pesar de sus ideas tradicionalistas, Kirk tenía millones de seguidores en las redes sociales y en su podcast. Su argumento era que los jóvenes estadounidenses eran mucho más conservadores de lo que sugerían las encuestas. Y los buscaba con mucho éxito. Tanto que el presidente Trump como el vicepresidente J.D. Vance reconocieron públicamente que Kirk les ayudó a conseguir el apoyo de las nuevas generaciones en las pasadas elecciones.
El terrible asesinato de Kirk, lejos de promover un momento de reconciliación nacional, ha desatado un cruce de duras acusaciones entre Demócratas y Republicanos. Apuntan vagamente a la “ultraderecha” y a la “ultraizquierda” de la racha de atentados contra políticos de ambos partidos, desde el ataque a la congresistas Demócrata, Gabby Giffords -que la dejó con graves daños- y al asesinato de la representante estatal de Minnesota, Melissa Hortman, hasta los dos atentados contra la vida de Trump y la muerte de Kirk. El centro, el punto de encuentro, ha desaparecido.
El gran temor es que este tipo de violencia política se siga propagando en Estados Unidos. Y desafortunadamente hay dos condiciones que favorecen la polarización y el salvajismo: la desinformación en las redes sociales y la proliferación de armas.
En un país donde hay más pistolas, rifles y ametralladoras que personas, es muy fácil matar. Cualquier conflicto, prejuicio o trastorno mental se puede convertir en una masacre o una tragedia con un arma de fuego al alcance. No hay mucha ciencia en el argumento de que con menos armas habría menos muertos. Pero este es un debate cerrado en Estados Unidos y casi nadie se atreve a tocar -o a restringir- la segunda enmienda de la constitución. Así, continuarán los tiroteos en las escuelas, universidades, iglesias y lugares públicos.
Además, la internet nos está comiendo. Está inundada de mentiras, desinformación y de bots. Con la inteligencia artificial es difícil saber lo que es cierto y lo que es mentira. Todos dudamos constantemente de lo que leemos online y en las redes sociales. Particularmente cuando los ya famosos algoritmos nos alimentan con contenidos afines a nuestras ideas y nos alejan de puntos de vista distintos. Vivimos en burbujas.
Esto ha creado una sociedad de opuestos. Y no hay nada más peligroso que ver a tu vecino, al inmigrante o al miembro del otro partido político como tu enemigo. “Si solo estás escuchando un lado de la historia”, dijo recientemente la jueza de la corte suprema de justicia, Sonia Sotomayor[i], “no estás tomando decisiones bien informadas”. Y luego calificó a las redes sociales “como una de las principales causas de desinformación en la internet”.
Desinformación, odio y armas forman una combinación explosiva.
Por muchos años se trató de convencer a las grandes empresas tecnológicas de vigilar y regular sus plataformas para evitar contenido falso y peligroso. Pero todos los esfuerzos fracasaron estrepitosamente. Ahora la responsabilidad de diferenciar entre los datos y las mentiras es de nosotros.
Parte de la solución está en tratar de convertir a todos en una especie de periodistas amateurs, comprobando que la información que utilizamos en las redes sociales sea verídica, revisando nuestras fuentes, basándonos en datos y evitando la difusión de mentiras, rencores y teorías conspirativas. Ante las dudas, más periodismo.
Charlie Kirk fue asesinado por un joven cargado de odio, malinformado y con acceso a un arma de fuego. El reto está en evitar una espiral de violencia política en Estados Unidos. Pero las cosas que escucho y veo no me dejan dormir.
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CHARLIE KIRK, GUNS AND THE INTERNET
September 22, 2025
Let's begin with the most basic: Political violence is unjustifiable. And it must be denounced, regardless of where it comes from.
The assassination of conservative activist Charlie Kirk at a Utah university should have never happened. But it came at a time of deep divisions in the United States, with an extreme polarization of political positions, with a lot of disinformation on social networks, with algorithms pushing us into ideological trenches, and with more guns than people.
Many did not agree with Kirk's ideas – from his rejection of abortion and restrictions on gun sales to his criticism of immigrants and transgender people. But this conservative activist had all the right to say whatever he wished. And he did. Until he was silenced in a completely cowardly and cruel act. Aside from his ideas, we have to acknowledge that his method was based on dialogue and debate. He went into universities, set up two microphones in public places and argued with anyone, without any type of censorship. You could agree or disagree with him, but he could not be accused of being closed to an intense exchange of ideas.
I learned about Kirk's assassination from two teenagers, 15 and 16, who texted me “This is a big deal.” They were right. Despite his traditionalist ideas, Kirk had millions of followers on social media and his podcast. His argument was that US youths are much more conservative than the polls suggest. He looked for them, and was very successful. President Trump as well as Vice President J.D. Vance acknowledged publicly that Kirk helped them win the support of the new generations in the last elections.
The terrible assassination of Kirk, far from promoting a moment of national reconciliation, has unleashed a crossfire of harsh accusations between Democrats and Republicans. They point vaguely to the “ultra-right” and the “ultra-left” for the rash of attacks against politicians of both parties, from the shooting of Democratic Rep. Gabby Giffords – which left her gravely impaired – to the assassination of former Minnesota House Speaker Melissa Hortman, the two assassination attempts on Trump and the death of Kirk. The center, the point where the two sides meet, has disappeared.
The great fear is that this type of political violence will continue to spread in the United States. And, unfortunately, there are two conditions that favor polarization and savagery: disinformation on social networks and the proliferation of guns.
In a country with more handguns, rifles and machine guns than people, it is very easy to kill. Any conflict, grudge or mental problem can become a tragedy when a gun is within reach. You don't need science to argue that fewer guns would lead to fewer deaths. But that debate is closed in the United States and almost no one dares to touch the Second Amendment. And so the shootings will continue in schools, universities, churches and public places.
What's more, the Internet is eating us up. It is drowning in lies, disinformation and bots. With artificial intelligence, it is difficult to know what is true and what is a lie. We all doubt constantly what we read online and on social networks. Especially because the already famous algorithms feed us content in line with our ideas and keep us away from different points of view. We live in bubbles.
This has created a society of opposites. And there's nothing more dangerous than seeing your neighbor, the immigrant or the member of the other political party as your enemy. “If you are only hearing one side of the story, you are not making an informed decision,” Supreme Court Justice Sonia Sotomayor said recently. She later criticized social networks as “one of the principal causes of disinformation on the Internet.”
Disinformation, hatred and guns make for an explosive combination. For many years, there were attempts to persuade the big technology companies to monitor and regulate their platforms, to avoid false and dangerous content. But all those attempts failed miserably. Now the responsibility for figuring out the difference between facts and lies is ours.
Part of the solution is to try to turn everyone into a kid of amateur journalist, confirming that the information we see in social networks is true, double checking our sources, basing ourselves on facts and avoiding the spread of lies, grudges and conspiracies. When faced with doubt, more journalism.
Charlie Kirk was murdered by a young man full of hatred, badly informed and with access to a gun. The challenge is to avoid a spiral of political violence in the United States. But the things I hear and see don't let me sleep.



